Inspiracional·Vida Cristiana

¡Su favor!

Dios nos ama de una manera tan increíble que ni si quiera lo podemos imaginar o comprender. Nunca haremos algo que provoque que él nos ame más o que nos ame menos, su amor no cambia, no desvanece, no se hace mas grande o mas pequeño, su amor es siempre el mismo: eterno, sin medida, exagerado. Y olvídate cuando empiezas a corresponder ese amor, y a vivir obedeciendo su palabra, experimentas de cerca todo lo hermoso que él ha creado para ti.

Las bendiciones de Dios te alcanzan hasta dónde estés, él usa aún a los que no le conocen para bendecirte. No sabes como fue ni como pasó, pero resulta que has encontrado gracia y favor con tus jefes, en el trabajo, en la escuela, y aún cuando son personas que no viven una vida íntima con Dios, eso no es obstáculo para permitir que los regalos lleguen a ti.

Cuando conoces la palabra de Dios y la vives cada día, te trae como resultado que encuentres en las personas que te rodean: gracia y favor. Muchas personas intentan quedar bien, hacen hasta lo imposible por ganar la aprobación, y te preguntas ¿y yo por qué si no he hecho nada fuera de lo común? Nada más y nada menos porque de tu lado está el creador de todas las cosas, y él conoce tu corazón, y le place bendecirte.

Muchos cometen el error de pensar que es por su linda cara o por su personalidad, y confiados en sus encantos se alejan de Dios, y ¿qué sucede? ¡Terminan perdiendo hasta su trabajo! Y su circulo de amigos o conocidos empiezan a preguntarse ¿qué le pasó? Antes se veía diferente, su mirada reflejaba confianza, perdió el toque, se le acabó la buena racha. ¿Cuál toque y cuál racha? ¡se alejó de Dios! El pecado consume y opaca, y nuestro mismo cuerpo lo refleja, sumérgete en los vicios y en una vida sin Dios y se te va a notar. Mientras que el vivir cerca de Dios te mantiene lejos de lo que no vale la pena. Reconocer que eres quien eres por Jesús te hace ser luz, es su luz a través de ti, no hay mejor renovación que despertar e irte a la cama sabiendo que todo es por él y para él.

Que el favor de Dios te acompañe cada día que vivas reconociéndole como tu Señor y dueño de tu vida y cuando las ventanas de los cielos se abran para ti no se te olvide dar gracias a él, pues esto solo puede provenir de un amor inexplicable.

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