Inspiracional

¡A caray!

Un día despiertas y todo cambió, ¿qué pasó? ¿cómo fue? ¿por qué tuvo que ser tan radical? Pero si apenas ayer todo estaba bien ¿de dónde salió este cambio? En la Biblia en el libro de Nehemías nos cuenta un sin fin de cambios en la ciudad de Jerusalén, no solo de construcción, también cambios en las personas, cambios que los llevaron a modificar actitudes, a purificarse, a comprometerse, cambios que aunque dolieron en su momento, más tarde fueron de bendición.

Los cambios son parte de la vida, del desarrollo y del crecimiento, hay diferentes tipos de cambios, en esta ocasión hablaré según mi perspectiva de por lo menos 3 tipos que todos enfrentamos: necesarios, obligados e inesperados.

Los cambios necesarios: cuando llevas 10 años con el mismo look, cuando pasas a otro grado de escuela (de primaria a secundaria, de secundaria a prepa, prepa a universidad). Son cambios que no te provocan dolor extremo (solo lloras el día de la graduación y luego ni te acuerdas de los nombres de tus compañeros) Los cambios necesarios son parte del desarrollo de cada persona.

Los cambios obligados: cuando te corren del trabajo, cuando tienes que cambiarte a vivir a otra ciudad, cuando tienes las ganas de avanzar pero hay gente que te lo impide y tienes que dejarlas porque lejos de aportar te consumen, que por más que los esperas no pueden caminar ni en tu visión ni a tu ritmo. Los cambios obligados son los que no tienes opción.

Mientras más alto vas a subir, más peso tendrás que dejar. Elimina lo que estorbe.

Y los cambios inesperados son los que te mueven el mundo de cabeza, son los que no querías, no te avisaron, no lo veías venir, por lo general son los que nos cambia la dirección de nuestro destino.

Pero, ¿que pasaría si no existieran los cambios? si no fuéramos retados a correr una milla extra, nunca conoceríamos nuestro alcance. ¿Y si vemos desde otra perspectiva los cambios?

Cambios necesarios: Los que llegan para darnos identidad, crecimiento, entendimiento, los que nos hacen especial, únicos, los que nos dan estilo y rumbo.

Cambios obligados: Los que nos promueven, nos llevan a buscar mejores opciones.

Cambios inesperados: Los que nos hacen aferrarnos a Dios y nos acercan de manera que aprendemos a conocerle y a amarle de verdad.

¿Y si agradecemos los cambios? No tengas miedo recuerda: ¡Dios no te dará más de lo que puedas soportar! Hay un propósito en este cambio que estás viviendo y sabrás cuál es en la medida que te comuniques con Dios, CON DIOS.

¿Por qué ver los cambios como algo negativo? ¿Que tal que en cada cambio ganamos y no perdemos? Somos una obra en proceso y no hay cambio que Dios no use para llevarnos a cumplir su propósito en nuestra vida.

“Los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida no es el fin del mundo es el inicio de uno nuevo.”

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