Espiritual · Vida Cristiana

¡Halagos!

¿A quién no le gustan los halagos? “Te ves divina, que guapo eres, lo hiciste increíble, nadie como tú, perfecto queda corto para describir lo bien que hiciste tu trabajo, que bonito es el nombre de Jay (¡ese halago es totalmente cierto lo que sea de cada quien!)

Los halagos nos encantan, son como escalones invisibles que te elevan por encima de todos los demás, pero tan invisibles se vuelven que con una palabra desaparecen y entre más alto te hayan subido más dura será la caída. No hagas tanta celebración ante los halagos, la clave está en reconocer siempre que no se trata de ti. ¡A caray! ¿y eso?

Si hacemos algo bien, obviamente queremos que se nos reconozca nuestro trabajo y esfuerzo, pero como hijos de Dios siempre debemos recordar que todo es por El y para El. No está mal que aprecien nuestro trabajo, lo que se vuelve dañino es cuando empezamos a creer que todo es gracias a nuestra fuerza. ¿Por qué es dañino? Porque confiamos más en nosotros que en Dios y tomamos el trono de nuestro corazón, sacamos a Jesús del centro, queremos la honra para nosotros y la critica para los demás. Y no se trata de no recibir la critica, sino de darle a cada cosa el valor que realmente tiene, ni creernos todos los halagos ni engancharnos con todas las criticas.

¿Lo hiciste bien? ¡Gracias a Dios! ¿Recibiste muchos halagos? ¡Son por la gracia que te ha dado Dios!

Algún lector puede decir: -¡mis desveladas me pongo para que de Dios sea la gloria! Este lector quizá empezó halagando la nota y antes de terminar ya estaba criticando mis letritas, es lo que les digo: dura mas una nieve en cono a un niño de 2 años que un halago.

Si en tu interior te cuesta reconocer que lo que tienes es por lo que Dios hace en ti, pídele que te ayude a crucificar tu carne, en realidad es sólo vanidad y eso no es agradable ante Dios, si El no te diera salud ni siquiera pudieras estar de pie. Pero a todo esto ¿qué es crucificar mi carne? En palabras simples es cuando estás consciente que ya no vives tú sino que ahora Cristo vive en ti, es decir, ya no se trata de lo que tú quieres se trata de lo que El quiere, ya no es a tu manera, ahora es a su manera. Es difícil dejar el volante de nuestra vida a Dios, de hecho es un reto cada día, lo bueno es que siempre puedes ir a Dios y pedirle que El crezca y tu mengües.

La sociedad en la que vivimos es muy bipolar, un día eres lo máximo y al otro no vales nada, habrá personas que cambien la manera en como te ven y como se refieren a ti, tú mismo puedes cambiar de opinión respecto a alguien y a quien ayer halagaste hoy puedes estar haciendo pedazos con la critica.

Pero ten paz de saber que Dios no ve lo que tu y yo vemos, El ve nuestras intenciones y nuestro corazón. El es El mismo, ayer, hoy y siempre, no cambia. Lo que ha dicho de ti lo sostiene por amor a su nombre, si El nos amó a tal grado de entregar a su hijo para que muriera por nosotros, su amor no se ha hecho menos, porque cuando El ama, su amor dura toda la vida.

2 comentarios sobre “¡Halagos!

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