Espiritual·Reflexión

De luto

¡Que momento más intenso vivimos como sociedad, donde sucesos en diferentes partes terminan con las vidas de hombres, mujeres y niños. Comentarios en redes sociales llenos de dolor, de enfado, de amargura, centrados en el fruto, en lo que la humanidad está haciendo, olvidando que no se pueden recoger naranjas cuando se han sembrado limones.

Sacar a Dios del centro de nuestra vida, olvidarnos de sus mandamientos, vivir el día a día lejos del Dios verdadero, juzgando por lo que otros viven, queriendo que el mundo cambie, pidiendo que el mundo despierte y que el gobierno haga algo, mientras que el pecado y la falta de reconocimiento hacia Jesús, provocan una vida donde lo momentáneo gobierna los corazones y lo eterno es irrelevante.

No se ve el cambio cuando deseamos que el mundo cambie, tú cambias y haces de tu mundo algo mejor.

 Dios no está en silencio, Dios sigue hablando. Cuando el rey Salomón, terminó de edificar casa a Jehová, tuvo respuesta de parte de Dios, y no fue un: “gracias por hacerme esta casa tan hermosa, todo estará bien por siempre, ya no tengo nada más que decir, cuídate Salomón”, ¡Oh no! A Dios no lo mueve una Iglesia pudiente, ni un lugar bonito, ni una oración llena de palabras complicadas, no sorprendemos a Dios por lo que aparentamos, Él nos conoce, hasta las intenciones más profundas.

Respondió: “Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.  Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre. Y si tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, e hicieres todas las cosas que yo te he mandado, y guardares mis estatutos y mis decretos, yo confirmaré el trono de tu reino, como pacté con David tu padre, diciendo: No te faltará varón que gobierne en Israel. Mas si vosotros os volviereis, y dejareis mis estatutos y mandamientos que he puesto delante de vosotros, y fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis, yo os arrancaré de mi tierra que os he dado; y esta casa que he santificado a mi nombre, yo la arrojaré de mi presencia, y la pondré por burla y escarnio de todos los pueblos. Y esta casa que es tan excelsa, será espanto a todo el que pasare, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y se responderá: Por cuanto dejaron a Jehová Dios de sus padres, que los sacó de la tierra de Egipto, y han abrazado a dioses ajenos, y los adoraron y sirvieron; por eso él ha traído todo este mal sobre ellos.” (2 Crónicas 7:12-22)

Su respuesta fue llena de amor, de sabiduría y de protección. Dios responde no por que nos merezcamos que Él hable con nosotros, no somos dignos, lo hace por su amor incondicional hacía nosotros. Nos escucha y nos contesta (a diferencia de otros que parecen que nos escuchan por fuera pero por dentro nos ignoran), Dios es de una sola pieza. Su respuesta tuvo sabiduría, como todo buen Padre que quiere lo mejor para sus hijos, fue claro, mientras que el pueblo se humillara, buscaren su rostro, oraren y se arrepintieran de sus malos caminos, Él estaría presente. ¿Exigió perfección? ¡No! Dios sabe que la humanidad estaba susceptible a fallarle, por eso dio la solución. Y proveyó protección, no se le pide a un hijo que llegue temprano a casa solo por que sí, se le pide porque se conoce que hay peligros. Dios sabía y sigue sabiendo que el odio de Satanás hacia la humanidad es incontenible, por eso pidió que no se alejaran, y recalcó que si así lo hicieran entonces traería mal.

¿Les mintió Dios? No, ¡fue muy claro! Una humanidad que se sigue alejando de Dios seguirá siendo víctima de Satanás, cegada, huyendo del amor que protege, escandalizada por la gracia que Jesús otorga y el perdón que sólo Él ofrece.

Metamos a Dios a nuestros corazones, saquemos religiosidad, juicio, odio, hagamos pactos de obediencia y vivamos caminando rumbo a la santidad, si el diablo y sus engaños han despotricado en contra del nombre de quien fue capaz de poner su otra mejilla y entregar su vida(JESUCRISTO), no tengamos piedad de darle la espalda. Nuestra tierra necesita ser sanada. Necesitamos a Dios. ¡LO NECESITAMOS!manos

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