Inspiracional

Tierra Desértica

Había una vez una comunidad que vivía en un lugar muy peculiar, la comida les sobraba, sus casas eran pequeñas pero llenas del color verde, vivían en las montañas, todo era de madera, acogedoras. Los hombres trabajadores, las mujeres dedicadas y buenas maestras para los pequeños, los ancianos que gobernaban llenos de sabiduría. Como todo en aquella comunidad parecía estar en orden, los hombres bajaron el nivel de productividad ya no trabajaban como antes, las mujeres dejaron de enseñar, los ancianos comenzaron a morir. Pareció un abrir y cerrar de ojos cuando ya no había ancianos sabios. Nadie escuchaba a nadie, hasta sus pequeñas casas coloridas se empezaron a derrumbar.

¡Convirtieron su hermosa tierra en un desierto!

 La indicación era: “No opriman a las viudas ni a los huérfanos ni a los extranjeros ni a los pobres. Tampoco tramen el mal unos contra otros.” (Zacarías 7:10 NTV)

Pero en vez de eso:

“Endurecieron su corazón como la piedra para no oír las instrucciones ni los mensajes que el Señor de los Ejércitos Celestiales les había enviado por su Espíritu por medio de los antiguos profetas. Por eso el Señor de los Ejércitos Celestiales se enojó tanto con ellos. Así como ellos se negaron a escuchar cuando los llamé, tampoco yo los escuché cuando clamaron a mí, dice el Señor de los Ejércitos Celestiales. Como con un torbellino, los dispersé entre las naciones lejanas, donde vivieron como extranjeros. La tierra quedó tan desolada que nadie pasaba por allí. ¡Convirtieron su hermosa tierra en un desierto!”. (Zacarías 7:12-14 NTV)

El frío está retrasado, las lluvias siguen llegando, nuestro mundo esta desequilibrado. Cada que voy por una carretera se que un cerro tuvo que ser partido y atravesado para que pudieran construir esa carretera, tuvieron que cortar árboles y lastimaron a la naturaleza. Entiendo que es parte del desarrollo urbano y tampoco es como que lloro, solo pienso que un día seremos insoportables a la naturaleza. Quizá tu y yo no talamos árboles, pero tampoco tiramos la basura en un bote, no reciclamos, no hacemos ni un pequeño esfuerzo.

Hemos perdido el sentido común como sociedad. Hemos endurecido nuestros corazones.

La indicación sigue siendo: No opriman a las viudas ni a los huérfanos ni a los extranjeros ni a los pobres. Tampoco tramen el mal unos contra otros.

El ser humano ha atacado las enfermedades, cada día supera los avances tecnológicos, encuentra formas más rápidas y sencillas de hacer las cosas, pero no ha logrado amarse. Humanos que matan humanos, humanos que trafican con humanos, humanos que esclavizan a humanos, nos llegó la evolución en todos los campos, pero se endureció el corazón para escuchar los mensajes de Dios. ¿Cómo sería nuestro mundo si nos amaramos?

Por eso dice el Señor: Vuélvanse a mí ahora, mientras haya tiempo; entréguenme su corazón. Acérquense con ayuno, llanto y luto. (Joel 2:12 NTV)

Hoy hago un llamado a quienes me leen, no endurezcamos nuestros corazones, cuando veas el dolor y ya no lo sientas ocúpate, no dejes de ser sensible, no dejes de ayudar. Seamos buenos ciudadanos, demos amor. Plantemos esperanza en medio de una tierra desértica.

“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.” (Martin Luther King)

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