Diario de Lea·mujeres

DIARIO DE LEA (SEGUNDA PARTE)

Desde mi ventana…

¡Que buen banquete se aventó mi papá!, quisiera disfrutar tanto esta fiesta como todos los desconocidos que están acabando con esa cena deliciosa. Mi orgullo me impide disfrutar la falsa fiesta, tan falsa como la mesa de señoras donde me tocó sentarme, pero el hambre que tengo parece insaciable. Solo espero poquito valor o poquita más hambre para incorporarme de nuevo. Siento el pecho apretado, nervios y un dolor de estómago que no me deja pensar.

Respira Lea, respira.

Durante la fiesta…

Ahora mi cuarto entero huele a comida, tuve que salir huyendo de la mesa, esas señoras si que planearon las preguntas matadoras: “¿Y tú para cuando sales?”, “Deberías pedirle unos consejos a tu hermana”, “Ahí esta el hijo de fulana en edad casadera” pero lo peor fue esto: “¿Y el novio no tendrá un hermano para ti?”, en esa última me salió una buena carcajada. Al fin me reí un poco, me relajé, pero ahora creo que quizá comí mucho y hoy no era el día indicado para eso.

Llegó la hora…

Me miré al espejo, suspiré, sonreí, “estás list..” no terminé de decirlo cuando unos golpes en mi puerta me hicieron salir. Berridos, no puedo llamarlos de otra manera, mi hermana como niña encaprichada pataleaba y se arrastraba, algunos sirvientes la tuvieron que agarrar para que no se me lanzara, pero antes de irse me dijo estas palabras que se quedaron grabadas en mi mente: ¡Podrás tenerlo en mi noche de bodas, pero una noche no te alcanzará para matar un amor que es para toda la vida, eres despreciable Lea, te aborrezco!

¡Cuantas veces quise gritarle exactamente lo mismo! Pero la amo, y quisiera contarle la verdad, la verdad que me dijo mi padre. Seguro un buen hombre la podrá amar.

Mi noche de bodas..

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1 Semana después…

Pensé que mi nueva vida de esposa me mantendría ocupada y que no volvería a tomar este pequeño libro, parece que me equivoqué.

Cuando era niña, le pedí a mi padre un regalo, era una muñeca que daba pasitos pequeños, parecía real. Mi padre prometió que me la regalaría el día de mi cumpleaños, y cuando al fin abrí su regalo, eran unas sandalias de muchos colores, muy bonitas, pero ni remotamente cercana a mi muñeca, mi padre me contó la historia del porque no me había regalado eso. Dijo que en todas las tiendas estaban agotadas, no solo de la ciudad más cerca, de todo el país, eso consoló mi llanto. Días más tarde lo escuché decir “es tan fácil engañar a mi Lea, pero por esa muñeca hubiera pagado 10 veces más que por sus sandalias, no seré parte del consumismo”. Nunca le dije a nadie que escuché eso, ni siquiera entendí que era el consumismo. Pero exactamente eso sentí la mañana siguiente a la boda, podía escuchar a mi padre decir “es tan fácil engañar a mi Lea”.

Siento que se han llevado mi alma, parece como si estoy anestesiada, ya no hay dolor, ya no alegría, ya no hay tristeza, ya no hay motivo de vida. ¿Qué hago escribiendo en la madrugada? ¿Qué no se supone que estoy recién casada? En un sueño irreal, he llegado a pensar la posibilidad de que en alguna época el hombre solo tenga una esposa, ¿Será que algún día suceda? ¿Será que nací a destiempo o que soy egoísta y quiero a un hombre solo para mi?

Y respondiendo mi pregunta ¿Qué hago escribiendo? Hoy mi esposo, quien se encuentra sobrio, consciente, que recordará esta noche y madrugada, está uniendo su amor con su otra esposa, con la que debió estar hace una semana, con la que ama, con la que robó su aliento y sus suspiros desde la primera vez que la vio, con la que mientras el ganó yo perdí, ni más ni menos, con mi hermana.

Las dos victimas de quien a mis ojos hoy me resulta el ser más innombrable de mi vida: mi padre. No entiendo como mi madre pudo

fijarse en un hombre tan miserable como él, ¿Qué mujer quiere pasar la vida con un engañador? Sólo una muy ciega, tan ciega como mi madre.

En 2 semanas mi padre consiguió vender a sus 2 hijas por catorce años de trabajo ¡bien jugado señorón! ¡Así se hace un buen trato, encajándole al extranjero todo lo que genera gasto.

Perdí la cuenta…

Su mirada me aborrece, no hay punto de comparación, puedo describir perfectamente la espalda de mi “amado” esposo, pues es lo que constantemente veo. Esta noche dormiremos juntos.

5 meses…

La cuenta empezó de nuevo, y sus pataditas me ayudan a seguir. La última noche que estuvimos juntos, hizo su ritual como cada vez que le tocaba estar conmigo, como la primer noche que conoció mi cuerpo. Tomó un buen vino de esos que lo dejan tan mareado que probablemente no recuerda lo que hizo o dijo.

Miré las hojas que había escrito y me di cuenta que la noche de bodas tan aguda fue para mi corazón que solo hay puntos, no esta grabada en estos renglones. Ahora con nuevas fuerzas es hora de contarlo.

Mi noche de bodas (¿o la de Raquel?)

Continuará…

Pd. Estoy embarazada

Si gustas leer el siguiente capítulo da click aquí

6 comentarios sobre “DIARIO DE LEA (SEGUNDA PARTE)

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