Diario de Lea·mujeres

Diario de Lea (parte tres)

Cerrando ciclos…

 Ahora que tengo en mis brazos a mi primer bebé, tan hermoso y tan perfecto, se que es tiempo de avanzar, de dejar el pasado atrás. Este hijo en medio de tanto sufrimiento me confirma que Dios me ha visto, que aun cuando soy invisible para mi marido soy real para mi Señor, y le ha placido darme la dicha de ser madre. Se también que tengo una buena carta y que este pequeño me unirá a mi esposo, por eso debo iniciar de nuevo, por eso y solo por eso me atreveré a escribir acerca de la noche mas escalofriante, y que con tanto anhelo deseo olvidar: mi noche de bodas.

 El plato mas asqueroso que he probado…

 Tenía 13 años, llegamos a visitar a una familia de mi madre que nunca habíamos visto, moríamos de hambre, nos sirvieron algo extraño, lo probé y de inmediato quise regresarlo, mi papá me vio y con los ojos me gritó que no devolviera la comida. Me lo tragué, aquello sabía tan horrible. Mi hermana al ver mi cara sin haber tocado su plato comenzó a llorar diciendo que le dolía el estómago, mi mamá la acostó mientras hacía una oración por ella.

 Mi noche de bodas…

 Entré a la habitación y me encontré con un hombre que reía mientras decía palabras que no podía comprender, me comencé a reír también. Su risa era uno de los motivos por los cuales me encontraba locamente enamorada de él. Suspiré, todavía con la sonrisa en mi rostro, avancé directo hacía él, me tomó por la cintura, mis manos comenzaron a sudar, en verdad estaba tan nerviosa, sólo pensaba ¡no debí comer tanto! Pero no era el momento de pensar en nada, “concéntrate Lea” , mentiría si digo que alcanzaba a ver su mirada, sólo teníamos la luz de la luna.

 Sus ojos fueron sus manos. Mis manos fueron mis ojos. Toqué su cabello, su rostro, y pensaba este hombre es más lampiño que yo, una vez más me decía a mi misma “concéntrate Lea”. Todo me distraía, ¡todo!

 En mi inocencia creí que nos faltarían horas para disfrutarnos en nuestra luna de miel. Sus movimientos eran toscos y bruscos, sus palabras incomprensibles, hablaba de cosas que no comprendía, lo que esperé toda mi vida simplemente pasó y fue mas rápido de lo que pensé. Lo siguiente me provocó quedarme despierta casi toda la noche, y vaya que faltaban horas para que amaneciera, me besó y me dijo: te amo Raquel.

 Mis ojos se abrieron en una expresión que decía ¿Perdón? ¿Raquel? Pensaba en mi interior ¿dijo Raquel? Lo aventé y le dije ¡soy Lea! ¡LEA! ¿Te he entregado mi virginidad para esto? ¿Para que te equivoques de nombre?

 La luz de la luna alumbró su cara, ¡no escuchó mis reclamos!, sus ojos estaban cerrados y su boca abierta, parecía un muerto. Totalmente embriagado.

Y no miento, por un momento pensé: ojalá que no despertara, pero de inmediato me arrepentí, me arrepentí de desearle la muerte y de haberme puesto tan pesada, seguro me pasé de la raya me decía a mi misma, mañana en cuanto despierte le pediré perdón, estaré lista para disculparme y todo estará bien. Así que casi no dormí, me levanté temprano, arreglé mi cabello, me puse perfume y me pinté los labios. Mientras él dormía yo acariciaba su rostro, comenzó a despertar, mi corazón latía mas rápido, el día y su resplandor iluminaba nuestro “lecho de amor”.

 Jamás..jamás..jamás olvidaré su rostro esa mañana. Antes de abrir sus ojos comenzó a darme una pequeñita sonrisa, yo le decía en su oído que lo amaba, sonrió un poco más y entonces abrió los ojos y me vio.

 Frunció su entreceja, cerró sus ojos, los apretó y los volvió abrir como si hubiera visto a un fantasma, me aventó y se levantó de la cama. Dio tres pasos para atrás y preguntó ¿Qué haces aquí? Y luego dijo ¿Dónde esta Raquel?

 Mi coraje se volvió a encender y le dije ¡Basta! ¡Ya no tienes que fingir, lo sé todo! Insistió con gritos y con su cara de desesperación ¿Dónde esta Raquel? El movía su cabeza y con sus manos se jalaba su cabello como loco. Se atrevió a preguntar ¿Tuvimos relaciones? dentro de mí quería gritarle: ¡SI Y ERES PESIMO! Pero en la realidad estaba privada de mi voz, solo moví mi cabeza diciendo que sí, y lo siguiente que pasó no se como describirlo así que lo haré como va: me vio, se volteó y quiso vomitar ¡Quiso vomitar! Comencé a llorar de rabia. ¿Fui débil? ¿Debí haberlo golpeado? Me sentí como ese plato asqueroso que probé a los 13 años, pero que al menos yo tuve el valor de pasarme el bocado.

 Se vistió, y salió corriendo. Me tire al piso y quede como embarrada en el, con mi cabello arreglado, mi perfume y mis labios pintados, sintiéndome un pedazo de nada, rota por dentro, desbaratada por fuera. Pensaba: me quedaré aquí para siempre… hasta que escuché a Raquel que gritaba que se calmara, que no le hiciera daño a mi padre, de inmediato brinqué como resorte, salí de la habitación y ¡oh sorpresa!…

 

 

Continuará…

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3 comentarios sobre “Diario de Lea (parte tres)

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