Espiritual · Inspiracional · Vida Cristiana

¡Qué no se te pase! (Primera parte)

Y esfuércense por cumplir fielmente el mandamiento y la ley que les ordenó Moisés, siervo del Señor: amen al Señor su Dios, condúzcanse de acuerdo con su voluntad, obedezcan sus mandamientos, manténganse unidos firmemente a él y sírvanle de todo corazón y con todo su ser. (Josué 22:5 NVI)

Toda la palabra de Dios es un tesoro. En base a Josué 22:5, analizaremos 6 puntos que pueden marcar una diferencia exagerada en el rumbo de nuestra vida. Este blog solo tocaremos los primeros 3.

  1. Esfuércense.

Cada que me toca hacer brazo cuando voy al gym, es una lucha, le huyo. Agarro la pesa de 5 kilos, y con esa quiero hacer todo, pero no me requiere ningún esfuerzo, y tampoco logro ningún avance. Pero agarro la de 10 y  siento que mis brazos se queman por dentro.

No realizas esfuerzo cuando tienes dominada la situación. ¡Exacto! Dios decía por medio de Josué, “sé que les requiere esfuerzo cumplir mi palabra, sé que no lo tienen dominado”. Dios sabe nuestras debilidades, Él nos conoce, y sabe también que el único camino para que nos mantengamos firmes es dando lo mejor de nosotros: ESFORZANDONOS. Seguir a Jesús en nuestra fuerza es totalmente limitado, necesitamos más que una emoción. Esforzarnos en nuestra capacidad resulta agotador y nos llevaría al abandono de la fe. Esforzarnos partiendo de la fuerza del Espíritu Santo nos hace permanecer. Josué invita a que el esfuerzo no dependa de algo pasajero sino de un amor verdadero y esto nos lleva al segundo punto.

  1. Amen al Señor.

No hay fuerza más poderosa que el amor. Motivos para amar a Dios son innumerables. Tan innumerables como la cantidad de personas que profesan amarlo alrededor del mundo, mismas que siguen viviendo bajo sus reglas y sus formas. Fuimos formados en una sociedad en la que si no me “sirves para…” no mereces mi amor.

Nosotros amamos porque él nos amó primero. Si alguien afirma: Yo amo a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto.  Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano. (1 Juan 4:19 NVI)

Aquí hay tanto para decir, Josué nos está dando la clave para las relaciones en nuestra vida, amar a Dios es también amar a nuestro prójimo, y amar al prójimo es amarnos a nosotros mismos, y amor propio nos protege. Al final el amar a Dios es protección inmerecida. Pero amarlo no de palabras sino de corazón, lo cual conecta con el punto 3.

  1. Condúzcanse de acuerdo a su voluntad.

Si amo a Dios, entonces mi deseo será cumplir su voluntad, y su voluntad no se contrapone a Él mismo. Y si es SANTO SANTO SANTO, nuestros dirección al tomar decisiones debe ir de acuerdo a lo que Dios es. Pero ¿será esto para arruinarnos la vida? ¡Al contrario! el caminar por la voluntad de Dios nos libra del plan que el enemigo tiene para cada uno de nosotros. Llegamos a pensar “su voluntad me limita”, pero es al contrario, su voluntad nos cubre. Caminamos fuera de Él ¿y queremos su bendición? ¡necesitamos recapacitar! Pero sobre todo arrepentirnos.

Sé lo que es querer hacer lo bueno pero no poder, el mismo apóstol Pablo decía: Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo.  De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.  Y, si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí. (Romanos 7: 18-20 NVI)

Quizá has estado conduciéndote en tu voluntad, pero Dios es un Dios de oportunidades, habla con Él, confiesa tus pecados, desahógate y recibe su perdón. Inicia de nuevo si es necesario.

El esforzarnos, amar a Dios en primer lugar y conducirnos en su voluntad, no es sencillo, somos humanos, imperfectos, fallamos diario, por eso requiere todo nuestro compromiso. Si todos hiciéramos lo que nos toca, si empezáramos por correr la milla extra. Nuestra vida puede cambiar al poner en acción estos puntos, requerirá disciplina pero nuestros resultados serán bendiciones, sueños cumplidos y promesas alcanzadas.

Nuestro paso por esta vida es momentáneo, pero no en vano. Es aquí donde decidimos donde pasaremos la eternidad. La vida no tiene por que ser una tragedia, de hecho por eso Dios depositó en nosotros sueños locos que parecen inalcanzables, pero que si confiamos en Él los veremos realizados. La primer parte ya esta hecha, ya nos dio vida y nos dio sueños, pero si queremos que sea Él quien los cumpla  jamás viviremos el propósito total de nuestra vida, por lo tanto requerirá que nos esforcemos, que demos un extra, y que en ese extra lo amemos en primer lugar por encima de cualquier situación o persona. Él nos ama no por lo que somos, hacemos o dejamos de hacer. Dejemos de amarlo por momentos, dejemos que su voluntad nos proteja.

Lo creamos o no, estar con Dios nos conviene más a nosotros que a Él. Dios no está con nosotros por conveniencia o porque busque usarnos, tal como en ocasiones nosotros queremos hacerlo con Él. Dios está para nosotros no por la adoración que podamos darle, ya tiene muchos ángeles que le adoran, esta para nosotros por que nos ama sin condiciones ni limites, por que Él no abandona la obra de sus manos.

¡Por que Él nos formó…Él nos sostendrá! No es una obligación, es su naturaleza perfecta, pues Él es SIEMPRE FIEL.

¡Qué te parece si hacemos una oración donde digamos “Dios te necesito, quiero esforzarme, quiero amarte, quiero conducirme en tu voluntad”

 

Continúa el próximo Miércoles.

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