NOVELA YO CONTIGO

Mi parecido con Juan

CAPITULO 3.

(Tiempo presente)

           Venir al hospital a ver a mamá me deprime y me alegra un poco. La última vez que estuve aquí, estaba con Raúl, fue cuando se puso mal, pero en fin, ya no quiero recordar eso. Mamá hace un par de días se cayó cuando salía de bañar y se lastimó la cadera. El doctor dice que va estar bien, que solo necesita reposo, pero mamá es tan dramática que dice que si la dejo por un instante se muere.

Mi mamá conoció a Juan cuando tenia 16. Dice que fue amor a primera vista, quien iba a pensar que el día de hoy no lo puede ver ni en pintura. Juan aportó su esperma y nunca más volvió aportar nada. Nunca le dije papá, de pequeña recuerdo muy borroso que me llegó a visitar, pero recuerdo más a mamá llorando cuando se iba. De niña yo pensaba que los que se llamaban “papá” solo servían para hacer llorar a las mujeres.

Después de una pelea muy fuerte, mamá dijo que era la última vez que lloraría por mi padre, siempre decía lo mismo, pero la diferencia fue que hicimos maletas como si estuviéramos escapando de algo y nos fuimos a casa de mi abuela. No había un solo día que no se pelearan, discutían por todo, y la que pagaba los platos rotos era yo. En ocasiones mamá me decía -no te quiero ver en lo que resta del día lárgate.

Se escucha peor de lo que se sentía. Cuando fui creciendo me di cuenta que no me parecía absolutamente nada a mi mamá, ni a mi abuela, y eso era parte de un coraje que mi mamá guardaba contra mí. Tengo la misma cara de Juan, no imagino como debe ser eso para mi mamá. Cuando mi señor padre desobligado se enteró que mi mamá estaba embarazada a sus tan solo 17 años, la terminó y le dijo que así como se había acostado con él seguramente lo había hecho con muchos más, la humilló, le gritó y se fue. Para su desgracia fue muy obvio que era su hija, misma nariz, mismo color de ojos, mismo carácter dice mi mamá.

No fue intencional crecer “odiando” a los hombres, era solo que todo el tiempo escuchaba que solo usaban a las mujeres y que todos sin excepción alguna eran iguales. Mi ex novio resultó que aplicaba dentro de esas características, mi mamá lo aborrecía, como aborrecía a todos los hombres con quienes yo tenía algún trato, solo era una adolescente boba con ganas de tener novio. Esa experiencia me bastó para entrar al club de mi madre y mi abuela, después de que mi ex intentó golpearme decidí terminarlo. Y entonces me juré que a mi no me pasaría lo que les pasaba a las demás, que yo sería diferente, que jamás me casaría, que viviría viajando y que así sola me quedaría. Cuando mamá me escuchaba hablar así decía que al fin le había aprendido algo bueno.

Mamá no es mala, solo le tocó una vida injusta como a todos, siempre fue trabajadora y aunque por momentos me corría de su vista, siempre se preocupaba por mi, a su manera pero lo hacía. Llegó el momento que vivir con la abuela se volvió bastante desgastante para todas, por eso fue que nos mudamos de nuevo, pero ahora solas a esta ciudad. Vivir aquí es de las pocas cosas buenas que me ha pasado, y es que en parte la ciudad es bonita, me queda cerca el mar, también hay una naturaleza muy hermosa, pero eso no es lo que me hizo enamorarme de este lugar.

Yo llegué con ideologías basadas en lo que mi mamá por toda mi niñez y mi adolescencia había sembrado, aun creo que sigo con algunos traumas gracias a ella, pero ha sido aquí donde mis teorías se han visto destruidas. Resulta que no todo es como pensaba y no todo es como mi mamá asegura.

Antes creía que después de una desgracia la gente se volvía horrible y su corazón se deformaba, pero los papás de Raúl y los amigos que me presentó me demuestran día a día que no es así. No me lo dicen, me lo demuestran. ¿Cómo puedo mantener una teoría cuando con hechos me demuestran lo contrario? Nunca había conocido a personas tan agradecidas como ellos.

Así que de alguna manera muy extraña mientras estoy en el hospital mi corazón esta agradecido. Suena loco, pero está agradecido por que sigo teniendo a mi mamá. No me imagino diciendo esto en voz alta delante de ella, por que seguro de manera milagrosa se levanta de la cama y me pone una buena grita. Ella jamás me enseñó eso, me enseñó a quejarme pero también me enseña a no rendirme. Me siento culpable cuando escribo algo malo de ella e intento poner algo bueno después, esto también lo aprendí con Raúl.

Para estar contando acerca de mamá y su odio por Juan, escribo muchas veces el nombre de Raúl…necesito respirar, todo me recuerda a él…

 

Continúa leyendo, capítulo siguiente: https://jayorozco.com/2017/05/29/lugar-secreto/

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