NOVELA YO CONTIGO

Avergonzada

CAPITULO 9.

 Las semanas siguieron pasando y me fui olvidando de mi. Dejé de ir a terapia, dejé de hablar con la mamá de Raúl, había perdido la esperanza, ni si quiera mi vocación me hacía salir de este estado de aletargamiento.

 Y en un día tan gris como cualquier otro decidí caminar en vez de usar mi carro, y me di cuenta que el puesto de la esquina de dos cuadras antes de llegar a mi casa ya no estaba, me dolió, de seguro cerraron por que la gente ya no consumía, y esa pobre señora que vendía se quedó sin empleo, sin poder mantener a sus nietos que siempre la acompañaban, somos un asco como sociedad, yo misma dejé de comprarle, llegué a casa y le platiqué a mi mamá, me dijo que hacía una semana había visto a la señora entrar a su casa caminando muy lento que quizá estaba por morir. Así que no me quedé con las ganas y fui a llevarle fruta a esa señora desconocida moribunda pobre y sin suerte, me movió mi corazón, y pensé “si no lo hago yo, nadie lo hará”.

 Toqué varias veces y en eso me abrió un poco la ventana un niño chorreado, definitivamente estaba llegando a suplir una necesidad, por que la vida es así, uno se tiene que encargar de los asuntos por que ningún ser sobre natural lo hará, pero nunca imaginé que llegar a esa puerta me avergonzaría tanto.

 El niño gritó: –¡Nana una muchacha llegó!

 Veo que viene alguien caminando muy lento y pienso “maldita enfermedad, la está consumiendo”. Me abrió una señora con un aspecto dulce, el niño se le abrazó a la pierna y ella le dijo cuidado mi amor esa es la que me duele, el niño le dio un beso en su rodilla y salió corriendo. Esta fue mi platica con doña Marcela.

 -Yo solía venir a comprarle pero ayer me di cuenta que quitó su puesto y vengo a traerle esta fruta, se que como sociedad no nos interesamos por nadie y Dios siempre llega tarde, así que aquí estoy yo.

 La señora sonrió como si supiera algo que yo no. Me invito a pasar a la sala de su casa. Y para ser pobre tenía una casa muy linda y sillones muy buenos, y que novedad también tenía una televisión plasma, creo que me equivoqué de casa pensé.

Me preguntó como me llamaba y con dulzura me comenzó a llamar Xime, y me dijo

  –creo que ha habido un error.

 Ahí sentí que me puse roja, le habló a su nieto y le pidió que me trajera un jugo, el niño me trajo una lata con un popote, y un vaso para que lo vaciara, ¿qué no eran pobres? –pensé.

 -Xime, tengo 2 hijos, que siempre me han apoyado, no suelo dar explicaciones pero percibo que tu eres un envío especial. Tengo 75 años y si tenía mi puesto era por sentirme útil, hace unas semas me caí y me operaron de mi rodilla, mis hijos ya estaban inconformes con que yo siguiera trabajando, pero no fue hasta que me caí que reaccioné. A veces soy terca y me cuesta aceptar que la vida ha cambiado, que ya no tengo la misma fuerza, me enfoqué solo en mi, sintiendo lástima y me olvidé de la preocupación de mis hijos, mis nietos venían ayudarme pero jugaban más de lo que ayudaban.

 -Discúlpeme, yo pensé que…me interrumpió y me dijo

 -tranquila, todos hemos hecho conclusiones equivocadas, y te digo algo, no te sientas mal, tu eres mi demostración de que Dios no llega tarde, hoy desperté con tantas ganas de fruta, que pedí a Dios que me quitará el dolor de mi rodilla para ir al mercado, pero Él no lo hizo, por que no me obedece, yo no soy su dueña, no es el genio de una lámpara mágica que concede tres deseos. Él hace lo que hace sin equivocaciones.

 Con voz firme respondí

-¿Cree que un Dios bueno permitiría que la operaran y que ahora tenga problemas para caminar?

 Xime, puedo verme tanto en ti, por años reproché la muerte de mi esposo, murió en un accidente, me llene de amargura, les pegaba a mis hijos, no era ni una pizca de la alegría que soy ahora, y ¿sabes que gané con el reclamo? Dejarles heridas a mi familia. Dios no se me apareció y me explicó por que lo había hecho, son esas cosas que parecen innecesarias las que nos conectan con lo sobrenatural y nos recuerdan que la vida es pasajera. Mírame ahora, una caída me hizo entrar en razón, me toca disfrutar a mis nietos y estar en paz. ¿Sabes que mis hijos tienen los ojos y la sonrisa de mi esposo?, si hubiera abierto mis visión me hubiera dado cuenta que Dios no me quitó un esposo sino que me regaló dos hijos. Su tiempo en esta tierra ya estaba escrito,  se que no todo se trata de mí. Que mis tiempos no son sus tiempos. Y cuando comencé a abrir mi panorama, agradecimiento empezó a llegar a mi.

 Me levanté del sillón, desconcertada, me disculpé por pensar que todo era culpa de la sociedad desconsiderada, omití el tema de religión por que doña Marcela era una creyente obviamente.

 Ella sonrió y dijo

 –que bueno es saber que quedan muchachitas como tú. Este día tendré una buena historia para contar. A mi casa llegó un ángel.

 Mi sonrisa se calló, le dije: todo menos un ángel, si usted supiera lo que pienso de..

 Me interrumpió

 –yo solo se que sin conocerme me trajiste fruta y sin buscarte llegaste a bendecirme, llámame loca, pero hoy viví un milagro.

 Me paré, me despedí, solo le dije que esperaba que se recuperara pronto.

 Eso fue suficiente para salir del aletargamiento. Me fui pensando en muchas cosas de camino a mi casa, será que solo me estaba enfocando en mi, deje de hablar con mis amigos, mi madre estaba preocupada, soy de esas personas que culpan a la vida por que les movió el juego, me estoy quedando sin ver lo que tengo por ver lo que me quitaron ¿Y qué si no me lo quitaron? ¿Y qué si era su tiempo de vida? ¿Y qué si solo lo conocí para que tocará mi vida? ¿Era una caída para despertar?

 ¿Me estoy volviendo loca? Nunca fui de tomar, pero la ocasión lo ameritaba, le marqué a Pedro y Elena, ellos eran buenos amigos de Raúl y míos, Pedro era experto en alcohol, él me diría que tomar. Elena se alegró mucho con mi llamada, a mi también me dio gusto escucharla, pedí verlos en un bar, ella hizo un silencio, consultó algo con Pedro, y me dijo que estaba bien, le pregunté –¿también cerraron el bar? Ya vez que ahora cierran todos los puestos.

 Elena no me entendió, yo lo decía por doña Marcela. Entonces recibí la segunda bomba…

 -Pedro ya no toma, pero nos vemos en el bar de siempre

 ¡ QUE ESTA PASANDO CON ESTE MUNDO!

 -¿Cómo que Pedro ya no toma?

 Se empezó a reír y me dijo

-nos vemos el viernes a las 8, ahí te platicamos.

 ¡Pedro el borrachísimo, más cuete del universo, ya no toma! Primero doña Marcela ahora Pedro, definitivamente, la vida cambia.

Continúa leyendo capítulo siguiente:

Capitulo 9

https://jayorozco.com/2017/08/14/el-bar/

 

 

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