Inspiracional · Reflexión

¿En quién confías?

No pongan su confianza en los simples humanos; son tan frágiles como el aliento. ¿Qué valor tienen?(Isaías 2:22 NTV)

 Despertar sabiendo que podemos descansar en alguien es liberador, nos quita una carga de encima, pero si no tenemos cuidado esa carga se puede duplicar. Confiar en una persona, no te solucionará la vida como en ocasiones te has imaginado, ni tu esposo (a), ni tu novio (a) ni tu jefe, ni tu mejor amigo (a), ni nadie de tu familia, ni tu líder, son las personas indicadas.

El ser humano es fiel candidato a fallar.

Y cuando depositamos nuestra confianza o esperanza en otras personas tenemos que estar conscientes de las siguientes cosas:

  1. Son tan imperfectos como tú, esto quiere decir que no importa cuanto los amas, son propensos a desilusionarte y al final no cumplir la expectativa.
  2. Su poder es ilimitado, no importa cuantas ganas tengan de ayudarte, son humanos, tienen un limite.
  3. Aún el más fuerte a tus ojos, no tiene la vida asegurada, un día puede dormir y ya no despertar.

Nos gusta tener la seguridad de que tenemos un respaldo, de que podemos confiar en alguien, lamentablemente en el deseo desesperado por ello, depositamos el precioso tesoro de la confianza en manos incorrectas, dando lugar a una codependencia que nos priva de madurar la única relación en la que si debemos confiar: Dios.

Pon toda tu confianza en Dios y no en lo mucho que sabes. Toma en cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo.(Proverbios 3:5-6 TLA)

 Nos conviene confiar en quien no cambia, no falla, no se va, es infinito, puede ver todo, sabe todo, conoce todo, te ama sin limites.

A lo largo de mi vida como creyente, he visto diferentes grupos de personas reaccionar ante la confianza en Dios:

-El primer grupo, no confía en Dios, por que nunca lo ha hecho. No le ha permitido ser el Señor de sus decisiones, confía de labios para afuera, pero a la hora de en verdad confiar, prefiere hacerse cargo de la situación. No confían por que nunca se han dado la oportunidad de conocer los beneficios de hacerlo, por miedo a que Dios no sea suficientemente bueno.

-El segundo grupo, son personas que han confiado hasta que Dios no les concede lo que pidieron, este grupo ya experimentó milagros, ya vivió el reposo de caminar con Dios, pero de igual manera fue sacudido por enfrentar respuestas que no se imaginaba, culpa a Dios y un resentimiento lo gobierna. Algunos se alejan completamente, otros se quedan al margen, pero con una herida por no recibir lo que pidieron y otros más confían a medias. Y esto para mí es peor que nunca haber confiado, por que el que nunca lo ha hecho, no sabe de lo que se pierde, pero el que ya experimentó y decide vivir a medias, vive un conformismo y limita a Dios.

-El tercer grupo, confía ciegamente. No importa la situación sigue creyendo, no importa el resultado se mantiene firme, no importa lo que estén sintiendo sus convicciones son más grandes.

Hay personas que llegan de un brinco a este grupo, que no les cuesta, pero la mayoría llega aquí después de no haber creído, después de haber confiado en otras personas, después de haberse caído. Al final han visto que no hay nada ni nadie mejor para confiar que en su Creador.

No es fácil confiar en quien no ves, en quien en ocasiones no sientes, no sabes si está contigo porque nada te indica que esté, al contrario experimentas silencio, pero creer sin ver es fe.

Nuestros sentidos dicen “ten fe solo en lo que ves”, pero Dios nos dice “ten seguridad en que lo que esperas sucederá aún si no lo ves ahora”.

¿En qué grupo te identificas?

Pero en realidad, la pregunta que importa sería:

¿En cuál grupo quisieras estar?

Confiar en un hombre y confiar en Dios te requiere el mismo esfuerzo, pero te da resultados muy distintos.

Te dejo con dos últimas recomendaciones:

  1. Si nunca has confiado en Dios totalmente, hoy puede ser un buen día.
  2. Que una respuesta diferente a la que tu querías no te robe el privilegio de vivir una vida en su reposo.

 

 

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