Inspiracional

No sé qué hacer

“…No sabemos que hacer, pero en ti buscamos ayuda” (2 Crónicas 20:12 NTV)

La oración de este rey fue de lo más real, recordando victorias que Dios había  dado a sus antepasados y abriendo su corazón tal cual se encontraba: inseguro, temeroso, angustiado.

Así oraba Josafat, rey de de Judá, en un momento de mucha desesperación, cuando un ejército marchaba con intención de destruirlos.

Cuando se nos presentan momentos que nos aterran ¿cómo es nuestra oración?

Me ha tocado llegar abrumada con Dios y reclamarle, exigirle, minimizar su poder o dudar. Podemos reaccionar así cuando no estamos teniendo una conexión diaria y constante con nuestro Padre, o cuando el shock que atravesamos es muy complicado de digerir, no podemos juzgar la relación que cada uno tiene con Dios ni sus oraciones, pero si podemos aprender y analizar actitudes de otros en medio de oscuridad que fueron correctas y los llevaron a victorias.

Cuando sientas que el enemigo avanza a pasos veloces para destruirte, al igual que Josafat:

  1. Recuerda que Dios escucha, ve y responde, suplica su ayuda. Ora sabiendo que tu oración no es en vano. La duda alimentada no permite que la fe obre.
  2. No te olvides de todo lo que Dios ha obrado a tu favor, agradecimiento mueve a la queja y da lugar a una oración que nos permite recordar promesas que ya se cumplieron y otras más que Jesús nos prometió. Las promesas ya cumplidas nos recuerdan que Dios no es hombre para mentir y las que aún no vemos, nos dan esperanza de que no es el fin.
  3. Se honesto. Palabras extravagantes nos hacen tener rezos distantes, repeticiones sin sentido. Háblale con la admiración de que es el todopoderoso pero con la cercanía de que al tomar forma de hombre experimento emociones tal cual te pasa. Expresar como nos sentimos no solo nos libera, también nos permite encontrar descanso, nuestra debilidad reposa en su fortaleza. No intentes engañarlo, no funciona. El rey Josafat decía “somos impotentes ante este ejército”, expresaba  su sentir sin intentar maquillarlo. Fuimos creados por Dios con sentimientos, querer fingir lo que sentimos retrasa la sanidad. Fíjate cómo el rey expresó su sentir, después de afirmar su fe. La convicción de saber quien es Dios te permite vivir en libertad de tus sentimientos sabiendo que estos no te dominan.
  4. Preséntate humilde. Siendo el rey, no se puso a exigirle, más bien abocó a su misericordia, esta actitud en suma con los puntos anteriores movió el corazón del Padre, trayendo respuesta a su oración. 
  5. Se constante. Oraciones cómo la de Josafat, surgen de corazones rendidos a Dios. El rey Josafat no fue perfecto (puedes leer su historia en 2 de Crónicas 17) pero Dios estuvo con el porque Josafat lo buscó y obedeció, el favor que tuvo este rey fue totalmente de parte de Dios. Antes de la victoria te topas con la obediencia. 

No hay una oración perfecta, el modelo que Jesús nos dio fue el Padre Nuestro, pero fue eso: un modelo, porque nos dio la oportunidad de comunicarnos de la forma que nosotros elijamos. Pudiendo imponernos una forma, nos da la libertad de expresarnos, sin ser dignos de tener acceso por medio de Jesús ahora tenemos comunicación directa. Pese al momento que vivas, oración puede ser el oasis que tú alma necesita. 

Si no sabes que hacer, hoy es un buen día para buscar la ayuda del Padre.

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