Inspiracional

Maternidad en la Biblia

La palabra maternidad, tal cual no la encontramos escrita en la Biblia, pero el rol de madre si. Me motiva el saber que ninguna mamá perfecta está en la Biblia. No fuimos llamadas a eso, fuimos llamadas a instruir, amar, servir, dar, derramarnos a Dios en las dificultades y recibir consuelo por medio de su Espíritu Santo, y en eso proceso recibimos el regalo inmerecido de formar vida en nuestro vientre.

Te quiero compartir acerca de 3 mujeres que su maternidad me hace aprenderles y admirarles.

Ana

No podía tener hijos, luchaba con celos, estaba en un desánimo profundo. Pero eso no fue motivo de no acercase al Rey de Reyes.

Admiro su honestidad a su condición, la aceptación de su realidad pero a la vez la negación de quedarse ahí.

“Estoy muy desanimada, derramaba ante el Señor lo qué hay en mi corazón” -esa fue la respuesta que dio al sacerdote luego de ser acusada como borracha.

En su angustia y dolor, ella oró.

Y Dios considera cada palabra y cada milímetro de fe.

Me enseña acerca de temporadas, de respetar cada parte del proceso, desde la

espera por quedar embarazada, hasta el destete de los hijos.

De Ana aprendo: no pretender, no aparentar, no estacionarme en el dolor, no faltar a mi palabra, no conformarme con un milagro.

Al cumplirse la promesa de quedar embarazada, bien se pudo llenar de temor “¿y si no me vuelvo a embarazar?” “¿Y si no lo cuidan bien?” “¿Y si algo le pasa?” “¿Y si le hago falta?” “¿Y si me equivoqué?”

En vez de eso, Ana creyó, y recibió no solo un hijo sino 5.

Gracias Ana por enseñarme que la respuesta a todo es la oración.

María (Madre de Jesús)

Siendo muy joven (se cree que de 15 años dio a luz a Jesús) aceptó tan grande encomienda y con todo y miedo de que la pudieran matar por quedar embarazada sin estar casada, su obediencia fue más grande que su temor.

Cada día puedo imaginarme un reto en su vida, disciplinar al hijo de Dios ya es demasiado. Pero el mayor para mi corazón de mamá es ver como la gente que ayudó, que sanó, con quién creció, lo mataron, no solo eso sino la forma en la que lo hicieron, provocándole tanto dolor, reventándole la piel, simplemente inconcebible para un corazón de madre.

Y la carga continúa, la gente adorándola, poniéndola en más alto nivel que Jesús. Su corazón derretido, “no me adoren a mí, yo no los salvo, yo no los sano, yo no morí por ustedes, véanlo a él”

Honramos a María no al adorarla sino al obedecer a Jesús, eso sería lo que ella hubiera pedido, porque ¿qué madre no anhela que su hijo cumpla su propósito?

Amo todo lo que María representa, su valentía, su entereza, su confianza, su debilidad, su obediencia, su pureza, su vulnerabilidad.

Rut

Extranjera, con pasado difícil, luto en su corazón, lejos de su familia, sin mucho futuro. Y con todo eso no se rindió.

Su esposo falleció y no tuvo hijos. Sin embargo amó y honró a su suegra. En un mundo donde la suegra es un chiste o motivo de dolor de cabeza, Rut nos muestra cómo el amar trae bendición.

Noemí (su suegra) no era perfecta, y no sabemos que tipo de suegra fue mientras sus hijos vivieron (suponemos que fue buena por la honra que Rut le dio) pero ¿qué si no? Exigimos de nuestras suegras pero me pregunto si oramos por ellas, si somos empáticas con su camino de vida, si podemos en vez de criticarlas ¡bendecirlas! Aplica también con nuestras mamás.

Porque para Dios, el acto que Rut tuvo fue digno para estar en la genealogía de Jesús. Ella fue madre de Obed, abuelo del rey David.

De Rut aprendo empatía, fuerza, y visión de ver con esperanza el futuro.

Concluyo con esto:

No hay maternidad perfecta, cada una hizo lo que pudo, con lo que tuvo, con aciertos y con desastres, desde madres que compitieron (Lea y Raquel) hasta otras que engañaron (Rebeca) hasta otras que escondieron y soltaron a un río a su hijo(Jocabed)

Pero todas ellas, dieron lo que tenían y los propósitos de sus hijos fueron mas grandes que su maternidad.

Me queda claro que yo haga mi parte lo mejor que pueda y Dios hará la suya, excelente y perfecta cómo es. Y esa combinación llevará a cumplimiento la promesa en mis generaciones.

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