Inspiracional

¿Por qué la ofensa destruye?

Todos nos ofendemos, habría que tener un corazón muy entrenado para blindarlo de las ofensas. La diferencia radica en ¿Cuánto duramos ofendidos? ¿Qué nos lleva a hacer la ofensa? ¿Cuánto ganamos vs cuánto perdemos por vivir con esta condición?

UN CORAZON OFENDIDO, TERMINA ASESINANDO

Recordemos la historia de Caín y Abel, ambos presentan sus ofrendas a Dios (Génesis 4) la ofrenda de Abel es aceptada, sin embardo la de Caín no y él permite que sus emociones lo controlen, Dios pudiendo ignorar el berrinche, lo confronta y le dice (Génesis 4:7)

Serás aceptado si haces lo correcto, pero si te niegas a hacer lo correcto, entonces, ¡ten cuidado! El pecado está a la puerta, al acecho y ansioso por controlarte; pero tú debes dominarlo y ser su amo.

Hubo algo claramente que no fue correcto en la ofrenda de Caín, y a Dios no podemos engañarlo, pero Dios no se alejó, observa como siguió hablando con él y motivándole a hacer lo correcto.

  • La ofensa te ciega. No te permite ver más allá de lo que te está lastimando, te lleva a magnificar hechos, palabras, o actitudes. Cuando le damos el timón, puede llevar nuestro barco a rocas que lo destruyan hasta hundirse. 

Caín, no pudo ver ni trabajar en aquello que estaba obstaculizando su relación con Dios, estaba cegado por el enojo. Si volteamos un poco los papeles, Dios debió ofenderse porque Caín no le dio una ofrenda aceptable, bien pudo matarlo en ese mismo instante. Aquí podemos ver el actuar de Dios. Cuantas veces no hemos ofendido a nuestro Padre, con desobediencia, con pecado, con malas actitudes, con tantas y tantas cosas, y cada vez que pedimos perdón, Él lo hace. No solo es que Dios en su naturaleza es BUENO, es que además, nos muestra que la ofensa no es un estilo de vida para quienes le siguen. 

El que no sea ofendible, no significa que nos de acceso a ofenderlo, significa que sabe que somos más que la ofensa que estamos haciendo. Ni siquiera lo recibe, tal cual sucedió con la ofrenda de Caín, no se ofendió, la RECHAZO. No rechazo a Caín pues vemos que sigue tratando con el, rechazó la ofrenda pues era ofensiva. 

  • La ofensa te hace perder el control. Entre más pienso y abrazo la ofensa, cedo el dominio de mis emociones, y multiplico el daño, al no tener el control, comienzo a vivir de ella, la ofensa me alimenta, vivo para responder a la ofensa, para demostrar que se han equivocado, y en ocasiones las personas que ofenden no tienen idea que lo han hecho.

¿Por qué si fue Dios quién no aceptó la ofrenda, Caín mata a su hermano? Al perder el control de nuestras emociones, no sabemos abordar la ofensa, que en muchos casos suelen ser malentendidos, que pudieran acabar de inmediato.

  • La ofensa se aferra a tus fibras más sensibles de tal forma que te hace creer que tu tienes la razón. Todos están mal, pero yo no. De una forma maligna se disfruta el victimizarte, el provocar lastima a otros, alimentado el dolor y haciendo más grande la ofensa. 

Caín cegado por la ira, dominado por la tristeza, aferrado al dolor, toma una decisión. Asesinar a su hermano.

  • La ofensa nunca llega sola. Si ya entró ella, le siguen la venganza, la falta de perdón, el orgullo, la soberbia, la apatía, el chisme, la murmuración, étc.

Cuando Dios le pregunta que pasó, tuvo actitudes reprobables, miente y termina sin arrepentirse, sigue sin comprender su acción, no ve el tamaño de lo que hizo, ve el tamaño de su castigo 

Caín respondió al Señor:—¡Mi castigo es demasiado grande para soportarlo! (Génesis 4:13)

  • La ofensa no trabajada, será ofensa multiplicada.

Una vez que aceptas una ofensa y en vez de identificarla, tratarla, perdonas y avanzar, decides no hacer nada, estarás dejando la puerta abierta para que cualquier persona, cualquier comentario (o acción) tengan poder sobre ti para dañarte. 

Entonces, entre más rápido se vaya la ofensa, más rápido nos fortaleceremos en dominar nuestras emociones. 

Las personas sensatas no pierden los estribos; se ganan el respeto pasando por alto las ofensas. (Proverbios 19:11 NTV)

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